RE-CORDIS

Re (de nuevo) – cordis (corazón)

“Contar desde el recuerdo”.  Una frase que durante años ha vuelto a mí una y otra vez, dicha por formadores y amigos cuenteros, en diferentes ambientes y situaciones. Una premisa que tengo escrita en mayúsculas en mis cuadernos de trabajo y que me ha dado mucho que pensar.

Contar una historia desde el recuerdo es una manera de   trabajar los cuentos, en la que la memoria textual no es imprescindible. Basta con conocer a fondo la estructura de la historia y querer contarla desde el propio ser, con respeto, generosidad y amor. Con estos ingredientes, el cuento fluye.

Así que como soy gente de acción quise aplicar tan bello concepto a parte de mi repertorio y  fracasé. La memoria textual, interiorizada por mi experiencia teatral, aparecía una y otra vez. La palabra se mecanizaba y la historia,  dicha a viva voz, perdía la frescura.

Hasta que hace unos meses, en la III Escuela de Verano de AEDA, (Asociación de Profesionales de la Narración Oral en España)  llegó la revelación en un abrir y cerrar de ojos.

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Las tardes en la Escuela estaban dedicadas al juego escénico por equipos, denominados “retos”. Éstos consistían en llevar a la escena ciertos cuentos con una propuesta de narración desde  diferentes formas y puntos de vista: con objetos, en distintos idiomas, dramatizados, etc. En el segundo reto que abordé con mi grupo de trabajo apareció un cuento de reciente incorporación a mi repertorio, pero que hacía tiempo que no contaba. Se trataba de “El pescador y su mujer”, un cuento recogido de la tradición por los Hermanos Grimm. Decidimos abordarlo siguiendo dos consignas: una disposición inusual del público y un coro griego.

El grupo me invitó a defender la narración del cuento a modo de corifeo.  Así que, debido al poco tiempo que teníamos para preparar todo, me centré en la estructura, en algunas imágenes y en, simplemente, contar la historia. Lo que me sorprendió fue que el cuento,  en apenas cinco minutos, y con la brillante ayuda de mis compañeros, fluyó  en mi voz y en sus voces,  en mi cuerpo y en sus cuerpos. Mi narradora ya no estaba preocupada por las palabras y los gestos ensayados, sólo estaba presente en el “aquí y ahora” del que tanto se habla en clases de interpretación. En definitiva, la narradora estaba al servicio del cuento y no el cuento al servicio de la narradora, como era habitual en mí.

Tal y como parece, fue una experiencia casi “mística”, una revelación en toda regla. La conciencia de esos años de prácticas y reflexiones se hizo orgánica en un mágico instante y entonces entendí por qué recordar, de la palabra latina recordari, significa volver a pasar por el corazón.

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Cuando regresé a Tenerife comencé a aplicarlo en nuevos cuentos y volví a experimentar una y otra vez la maravillosa sensación de “contar desde el recuerdo”. Ya lo estoy probando con cuentos “viejos”, de esos que me acompañan desde que empecé a contar, y los que me han escuchado me preguntan: “¿Qué has hecho con el cuento? Suena diferente”. Y yo sólo puedo decir: re-cordis.

 

 

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